El Método de Empoderar a una Niña
El Método “Soy niña, soy importante”: Empoderar desde la raíz
Antes de cada mujer que camina con propósito existe una niña que necesitó ser vista, escuchada y protegida. En este episodio del Método, Paola Romero conversa con Katy Durán, directora ejecutiva de Fundación Tropicalia, sobre una de las iniciativas más transformadoras que existen en República Dominicana: Soy niña, soy importante.

Katy explica que este proyecto nace al observar cómo los roles de género en las comunidades rurales imponen sobre las niñas responsabilidades que no corresponden a su edad: cuidar hermanos, hacerse cargo del hogar, cocinar, limpiar… todo antes de cumplir 10 años. Esto limita su educación, su desarrollo emocional y su oportunidad de soñar.
El campamento inició hace 13 años para niñas de 9 a 12 años y hoy incluye clubes para adolescentes de 13 a 15 y programas de desarrollo profesional para jóvenes de 15 a 18 años. A través de talleres, deportes, arte, acompañamiento emocional y educación integral, Soy niña, soy importante ha impactado la vida de más de 3,300 niñas y adolescentes.
Katy recuerda que la realidad de estas niñas es profundamente dura: embarazos en adolescentes, uniones tempranas, abuso sexual normalizado, hogares fragmentados y poca educación sexual. El silencio, dice, es también una forma de comunicar, y por mucho tiempo los temas importantes no se hablaban. La iniciativa rompe ese silencio con educación y acompañamiento.
Historias de éxito abundan: niñas que descubrieron sus talentos, jóvenes que se convirtieron en las primeras profesionales de sus familias, docentes que hoy enseñan en sus propias comunidades. Pero también existen casos dolorosos que recuerdan la urgencia de esta misión: abusos, embarazos de menores, niñas con discapacidad dejadas atrás. Para Katy, esas historias se convierten en combustible: “No podemos dejar a ninguna niña fuera.”
Uno de los logros más importantes ha sido lograr que instituciones como Conani se trasladen semanalmente a Miches para ofrecer apoyo psicológico y social. También crear confianza en la comunidad, que al inicio rechazaba los temas de educación sexual. Hoy, las iglesias anuncian el campamento y bendicen la salida de los autobuses que transportan a las niñas.
Para Paola, la conversación también es un llamado a las madres del país: el privilegio, la educación y la conciencia no son universales. Criar desde la gratitud y la empatía se vuelve imprescindible cuando entendemos las realidades invisibles que viven miles de niñas dominicanas.
Katy desea que Soy niña, soy importante sea recordado como un oasis: un espacio donde las niñas pudieron ser niñas, reír, aprender sobre sus cuerpos, construir autoestima y escribir un proyecto de vida que no esté marcado por la pobreza o la urgencia. “Un lugar donde no hubo imposibles”, dice.
Y cuando se le pregunta cómo quiere ser recordada, responde:
“Como alguien que no se rindió. Como alguien agradecida. Como alguien que siempre buscó oportunidades para que las niñas tuvieran la vida que merecen.”
Este episodio es un recordatorio poderoso: cambiar un país comienza por cambiar la vida de una niña.
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