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El Método de Conectar con Dios desde la Autenticidad

El Método de Conectar con Dios con Flor Piña

Hay personas que nos inspiran con su forma de hablar, otras por cómo viven, y otras simplemente por ser. Flor Piña reúne esas tres. Su manera de acercarse a Dios no nace de un púlpito ni de una estructura religiosa, sino desde algo más honesto, más cotidiano, más humano. Y en este episodio, comparte cómo ha redescubierto su fe desde la autenticidad, la disciplina y la verdad consigo misma.

Flor cuenta que nunca hubo un momento en su vida en el que Dios no estuviera presente. Creció en un hogar católico, entre tradiciones, rutinas y misas que, aunque no conectaban del todo con ella, le enseñaron algo fundamental: Dios es real, aunque uno todavía no entienda cómo relacionarse con Él.

Pero su historia no es lineal. Durante su adolescencia y juventud, vivió etapas intensas, marcadas por excesos, búsqueda de aceptación, presión social y curiosidad por todo lo que pudiera desconectarla de ella misma. No culpa al entorno, no culpa a otros. Como ella misma dice, “yo era mi peor influencia”. Su búsqueda de pertenencia la llevó a hábitos que la alejaron de sí: fiestas, consumo, decisiones impulsivas y un estilo de vida que la hacía sentir cada vez más vacía.

Sin embargo, la semilla que sus padres sembraron —su fe— nunca murió. En sueños, en intuiciones, en silencios, Dios seguía llamándola. Hasta que un sueño marcó un antes y un después: caminaba por un lugar inhóspito buscando una dirección y, al encontrarla, el papel decía: “Jesús es el camino”. Años después entendió que ese mensaje era para ella.

Su verdadero retorno comenzó en dos etapas: primero la mente, luego el cuerpo… y finalmente el espíritu. Buscó terapia, enfrentó sus heridas, trató su ansiedad, su desorden alimenticio y sus patrones de conducta. Después vino el gimnasio: no por estética, sino por disciplina, estructura y salud. Y cuando logró ordenar esas áreas, llegó lo inevitable: Dios volvió a ocupar el centro.

La soledad fue el puente. En medio de sus cambios, Flor confesó sentirse sola: sin los coros de antes, sin los hábitos que anestesiaban, sin las distracciones de siempre. Y en ese espacio —vacío pero necesario— se acercó a Dios con intencionalidad. No buscando religión, sino relación.

Volvió a la Biblia. A la oración. A la música cristiana. A la reflexión. Al agradecimiento. A la comunidad. Y entendió algo esencial: conectar con Dios no es volverse otra persona, sino convertirse en la versión más honesta de uno mismo. Sin máscaras, sin apariencias. Con luchas reales, tentaciones reales, procesos reales.

Flor repite un versículo que se ha convertido en su guía:
“Esfuérzate y sé valiente”. (Josué 1:9)

Para ella, caminar con Dios es eso: esfuerzo, valentía, intención. Caer y levantarse. Reconocer debilidades sin esconderlas. Trabajar el cuerpo, la mente y el espíritu. Dejar que Dios haga luz en lo que estaba desordenado y vacío, como en el Génesis.

Este episodio es una invitación a regresar. A Dios, a uno mismo, a lo esencial. A entender que la fe no es un molde, es una relación. Y que no se trata de parecer perfectos, sino de caminar honestamente hacia la transformación.

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